jueves, octubre 6, 2022
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La pesca dice que la defensa del clima no puede destruir la producción de alimento

Si algo conoce bien el sector pesquero —como su sufridor— es el principio de precaución. Y aunque ya no está tan duro en cuestiones como el Acuerdo de París y otros pactos en favor del clima, sí lo suficiente como para saber que ese compromiso que firmó España en el 2017 recoge en su artículo 2.1. b) que «para paliar la amenaza del cambio climático y reducir las emisiones de gases efecto invernadero no debe comprometerse la producción de alimentos». Y si en los caladeros de pesca se colocan aerogeneradores, se está abiertamente comprometiendo la producción de alimentos, alega el sector, y, de paso, la forma de llevarse algo a la boca que tienen 4.600 barcos que operan en el Cantábrico Noroeste.

Que los pescadores se hayan sumergido en los tratados internacionales en busca de argumentos para su causa responde a que se han leído la hoja de ruta para el desarrollo de la eólica marina y de las energías del mar en España, presentada la semana pasada por el Ministerio de Transición Ecológica (Miteco), en la que ven unos brazos que están demasiado abiertos a recibir molinos en parques offshore. Y la pesca no se va a oponer a esos intentos de aprovechar el viento marino. Ni a esos, ni a ningún otro que «vaya dirigida a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la salud del planeta y, sobre todo, de nuestros mares, que sufren múltiples agresiones derivadas de dichas emanaciones, con graves perjuicios para los ecosistemas marinos de los que dependemos los pescadores», dicen en un comunicado que firma la asociación coruñesa Pescagalicia y suscribe la Federación Galega de Confrarías.

 Ahora bien, dicho esto, de que defienden el enfoque integrador y esa sintonía de las actividades pesqueras de la que habla la propia hoja de ruta del Miteco, también apuntan que no se oponen a los parques eólicos marinos siempre que no supongan «una afectación a nuestra actividad pesquera y a nuestros caladeros. Y al menos dos de los tres que han solicitado someterse a información ambiental —el tercero, el de mayor superficie y potencia, no ha especificado más ubicación que Galicia, así en genérico— meten de lleno sus molinos donde ahora los profesionales largan y viran los aparejos.

Línea roja

Por supuesto que los agentes de la pesca están dispuestos a dialogar con todos los actores que puedan estar involucrados en el desarrollo de esta industria en los mares; de hecho, ya están sentados en el Observatorio da Eólica Mariña. Porque son conscientes de que «en aras al interés general de la sociedad, y pensando en el futuro de las siguientes generaciones, la prioridad debería ser que fueran energías limpias para los océanos», aunque apostillan que no todas las renovables lo son».

Eso sí, la línea roja infranqueable es la misma que también marcó en ese color el Parlamento Europeo en su Informe sobre el impacto en el sector pesquero de los parques eólicos y otros sistemas de energía renovable: que esta forma de explotación marina en aguas de la Unión Europea no afecte a caladeros y a la industria pesquera.

 «Los polígonos industriales de energía eólica marina son incompatibles con la actividad pesquera», dicen rotundos los pescadores, y «su posible coexistencia en el Cantábrico-Noroeste deberá ser estudiada contando con la información que aporte el IEO sobre la afectación a nuestros ecosistemas y con la información que aporte la Secretaría General de Pesca y el propio sector sobre los registros de actividad pesquera».

El sector contrarresta con otra hoja de ruta la diseñada para la eólica marina

Al sector pesquero que faena del Miño al Bidasoa no le sirve la comparación que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico hace para justificar el desembarco de los molinos de viento en las aguas españolas entre el Cantábrico Noroeste y el mar del Norte, donde hace tiempo que desembarcaron los parques eólicos flotantes. Es más, «está totalmente fuera de lugar», pues el escenario de Dinamarca (2.034 barcos), Bélgica (64), los Países Bajos (839) o Alemania (1.239) poco tiene que ver con los casi 5.000 buques que faenan en el Cantábrico-Noroeste, que, además, tienen una «plataforma continental muy inferior a la que se dispone en el mar del Norte o en el mar Báltico».

Los profesionales permanecerán expectantes ante «la amenaza que supone la apuesta incondicional para industrializar nuestros mares que hacen desde el Gobierno de España sin establecer la prioridad de salvaguardar la pesca y los ecosistemas». O al menos es lo que se desprende de la hoja de ruta aprobada por el departamento de Teresa Ribera.

Pero ya tienen respuesta. Contestarán con otra hoja de ruta, pero esta del sector pesquero del Cantábrico Noroeste, un camino que marcará «la fórmula para proteger el mar como fuente de vida de nuestro planeta, salvaguardar nuestro modo de vida y garantizar su futuro». Ese trayecto comenzará a trazarse nada más acabar las fiestas. En las primeras semanas del 2022, el sector se reunirá en Asturias para trazar la estrategia que deberá proteger los caladeros de los molinos que traen los gigantes de la energía.

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